
Los niños se preparaban para ir a Papagayos, una zona montañosa ideal para acampar y disfrutar el cielo mendocino. Sería su primera excursión después de la pandemia, estaban muy excitados, los maestros y profesores de educación física también… Subieron todos al micro que los llevaría, era uno de los viejitos, pero aguantaba perfecto el viaje con los saltos y cantos de los chicos…
Al llegar al refugio, donde acamparían durante la noche, los recibió una mujer mayor con tortas fritas y matecocido, los niños comenzaron a llamarla “la abuelita” y no dejaban de buscarla para que les contara historias del lugar, pues habían escuchado de sus hermanos mayores que allí había fantasmas y animales fantásticos… Ella les prometió que durante el fogón de la noche les contaría alguna.
La noche llegó con la luna llena como testigo, todos estaban sentados rodeando el fogón y cantando cuando llegó la abuelita con una rosa blanca en sus manos y se sentó en medio de ellos, sus voces cesaron y prestaron atención a lo que ella les contaría…
“Una joven mujer embarazada, vestida de negro y con un cuello blanco de plumas tocó a mi puerta hace unos meses, le abrí y le ofrecí tortas fritas y matecocido pero no quiso comer ni beber nada… Tenía carita de asustada y llegó a entrar en pánico en cuanto vio la vieja escopeta de mi padre colgando de la pared. Traté de calmarla y preguntarle qué le pasaba, pero sólo sollozaba y miraba por la ventana, como temiendo que alguien viniera tras ella, o que nadie llegara en su auxilio…
Como no quería importunarla más y ya se hacía de noche le ofrecí que durmiera en la casa y por la mañana veríamos que sucedía… Ella aceptó, durante la noche no pude dormir, estaba intranquila por la situación, iba a ver cómo estaba ella a cada rato y la veía dormir tranquila… Justo antes del amanecer, escuché un grito fuerte de mujer, corrí a ver qué pasaba; pero sólo encontré esta rosa que traigo en las manos y por la ventana vi que salía volando una pareja de cóndores hacia las montañas”…
Los niños quedaron sorprendidos por el relato, continuaron en silencio junto a sus maestros y profesores… hasta que uno de los pequeños señaló las montañas y vieron una pareja de cóndores adultos, junto su pequeña cría…


