
No sé bien qué pasó. Recuerdo bien aquella noche en la que empezamos viendo una película, y erminamos haciendo el amor. Y quise tener un orgasmo, llegar a mi clímax y que él disfrutara al máximo, pero a veces el cuerpo es mañoso y ni él ni yo tuvimos una buena noche, y no pasó nada de lo que deseaba.
Se fue y nunca más lo volví a ver. Y siendo la primera vez que estaba con alguien desde que me habían roto el corazón, medio que la distancia de su parte me hizo mal. Pero aquel día tomé la decisión de aceptar las cosas como venían, y ya no sufrir más.
Meses de silencio, uno que otro amante por ahí, y un día, inesperadamente, un mensaje suyo. No me iba a poner a hacer reclamaciones sin sentido, y decidí dejar lo qué pasó de lado.
—Veámonos —me dijo. Y yo no lo dudé. Lo invité a mi casa a ver una película que había descargado.
Se hizo la hora pactada y me puse nerviosa. No llegaba. Decidida a no pasarla mal, me serví una copa de vino y puse algo de música tranquila, y cuando ya empecé a pensar que él no llegaría, sonó el portero de mi departamento.
Por primera vez en casi un año volví a verlo. Me miró y sonrió. Le abrí el portero eléctrico, y cuando entró, me dio la bolsa con las compras, y un tímido beso en la mejilla.
Charlamos, de todo, de cosas sin sentido mientras que reíamos, y yo que venía de una temporada más que angustiante, sentí que eso era justamente lo que necesitaba. Cuando la pizza estuvo lista, nos sentamos en la mesa a seguir compartiendo anécdotas, risas, y una que otra cerveza. Me contó cómo habían llegado a romperle el corazón, todo por la maldita infidelidad. Y la depresión después, la cual yo también conocía por experiencia propia. Y, a pesar de todo, sentí que habíamos pasado por cosas muy parecidas.
Cuando terminamos de comer nos sentamos en el sofá cama, que da justo al televisor. —¿Sabías que se hace cama? —Le dije.
—Mira, si lo hacés cama, lo más probable es que me termine durmiendo —me dijo sonriendo y yo, como desafiándolo lo hice. Mi sofá quedó como si fuese una cama de dos plazas, él se recostó, y yo al lado suyo y ya no tuve ganas de poner la película. Creo que por su mente pasó lo mismo que por la mía, y me dio un beso en la boca.
El paso a seguir fue obvio, pero esta vez en nada se parecía lo que habíamos empezado en mi cama casi un año antes. Los besos fueron en aumento, mordidas suaves en los labios, la ropa que iba cayendo a los costados del sofá, y yo dándome cuenta que, rotos o no, en las noches también necesitamos calor.
Cuando quedamos desnudos, yo me subí arriba suyo sintiendo el placer de su sexo. Suave, y lento, mientras que yo iba cabalgando, él con sus manos iba recorriendo mi piel, mis pechos, mientras que yo corría mi pelo largo que me tapaba la cara. No sé cuánto tiempo pasamos en ese éxtasis, hasta que, agotada caí a su lado. Él me miró. Y supo de inmediato cómo seguir.
Fue bajando lentamente hasta mi sexo, en donde se zambulló profundamente, dándome más placer que antes con su lengua y sus dedos.
Yo gemía de placer como hacía mucho tiempo no sentía. Clavaba mis uñas en sus hombros, extasiada de placer. Y de pronto sentí aquellos fuegos artificiales que son los que caracterizan a mis orgasmos. Él se dio cuenta, me levanté suavemente y volví a besarlo intensamente en la boca. No hablamos una palabra, y tampoco hizo falta, porque ahora yo fui que dominó la situación. Me subí nuevamente arriba suyo, y me llevé su miembro a la boca, saboreando todo mientras que veía como él cerraba sus ojos extasiado. Volví a cabalgarlo y sentí como llegó al orgasmo. Recostados los dos, nos miramos a los ojos y reímos, reímos.
Nos besamos nuevamente y reímos, y nos quedamos en ese estado post-éxtasis durante no se cuánto tiempo, y tampoco nos importó. Después empezamos a buscar la ropa para vestirnos, él se prendió un cigarrillo. Cuando lo terminó me dio un beso en la boca y me susurró —me tengo que ir.
Le abrí la puerta, nos volvimos a besar. Lo vi irse y no supe cuándo volveríamos a vernos. Sólo supe, con seguridad, que habría otra oportunidad, siempre tendríamos una nueva oportunidad para la pasión.


