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9 de mayo, Día de Europa, con un homenaje especial a Ucrania

Cada 9 de mayo se conmemora el Día de Europa, fecha que celebra la creación de la “Declaración Schuman”, el cual es considerado el primer paso para que exista la Unión Europea.

¿Qué es la Declaración Schuman?

Esta declaración es el nombre que recibió el discurso brindado por el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, el 9 de mayo de 1950 en París.

Dicho personaje expuso su idea de una nueva forma de cooperación política en Europa que hiciera impensable una nueva guerra entre las naciones europeas.

En concreto, Schuman propuso la creación de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Planteaba que si los miembros de dicha comunidad ponían en común la producción de carbón y de acero, la fusión de los intereses económicos contribuiría a aumentar el nivel de vida y constituiría el primer paso hacia una Europa más unida.

La CECA fue formada en su origen por Francia, Alemania Occidental, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo; y fue la primera de una serie de instituciones supranacionales que se convertirían en lo que es hoy la Unión Europea.

“Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”, planteaba Schuman.

Conmemoración 2022

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha informado de que los edificios europeos se han iluminado con la bandera de Ucrania durante la noche del domingo al lunes para celebrar el Día de Europa, que se conmemora cada 9 de mayo.

“Esta noche, en la víspera del Día de Europa, nuestros edificios brillan con los colores de la bandera ucraniana. Brillan tanto como nuestra esperanza de que la paz vuelva a Europa y de empezar a tejer nuestro futuro común con nuestros amigos ucranianos”, ha aseverado en su cuenta de Twitter Von der Leyen.

Discurso de Putin en el Día de la Victoria

Si la invasión de Ucrania hubiera salido como estaba previsto de acuerdo al plan original, Vladimir Putin habría tirado hoy la casa por la ventana. En cambio, tuvo que ceñir su discurso del Día de la Victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en 1945 a reivindicar lo realizado por sus antepasados y a lanzar una larga serie de invenciones nacional-populistas para justificar la invasión a Ucrania. Fue un discurso vacío de contenido para rellenar a gusto.

Tal vez, Putin tenía en sus afiebradas fantasías la esperanza de dar ese mensaje en la propia Plaza del Maidan de Kyiv. En cambio, fue en una Plaza Roja de Moscú adornada con la misma parafernalia de la época de Stalin, con apenas una parte del material bélico que se suele exhibir para mostrar el poderío militar y sin el paso rasante de los aviones de combate que hacen temblar a la tumba de Lenin y las tiendas de las galerías GUM. No hubo cazabombarderos en sobre Moscú. Tal vez, una confirmación de que la fuerza aérea rusa tuvo pérdidas irreparables en Ucrania.

El tan esperado discurso de Putin rondó alrededor de las comparaciones entre dos luchas sangrientas (II Guerra Mundial y Ucrania) pero justas que exigieron y exigen la unión del país. Pero no pudo declarar la “misión cumplida” –aquí es inevitable la comparación con George W. Bush cuando hizo esa afirmación en un portaviones congratulándose de una victoria en Irak mientras la guerra continuó por casi una década más-, como se especulaba. El fracaso rotundo en su intento por tomar Kyiv en tres días e instalar allí un gobierno títere sucedió hace ya tres meses y la ofensiva sobre el Donbás, el este ucraniano, sigue sin avances definidos.

Tampoco pudo declarar formalmente la guerra o anunciar una movilización masiva, como era el plan de acuerdo al adelanto que habían hecho las agencias de inteligencia occidentales. Probablemente, se encontró con una resistencia interna en el Kremlin. Un decreto de ese tipo le hubiera dado poderes aún más extraordinarios de los que ya tiene. Por ejemplo, le facilitaba la operación en caso de que decidiera lanzar armas nucleares, le permitía utilizar recursos económicos protegidos y contar con cientos de miles de jóvenes conscriptos para usar como “carne de cañón” en su aventura militar.

De todos modos, nada de esto está descartado. En las innumerables tertulias televisivas y mesas redondas de expertos en Moscú se dice que todo eso va a suceder y que podría ahora salir como una ley de la Duma, el parlamento ruso que oficia de escribanía de los deseos Putin. Es posible que el jefe del Kremlin no haya querido utilizar en este momento este recurso que implica riesgos políticos y económicos y que lo guarde para más adelante, pensando en una guerra prolongada en el tiempo.

Así que pronunció un discurso típico del Día de la Victoria: “alabando a la generación de hombres y mujeres soviéticos que aplastaron a los nazis, instando a los rusos a intentar estar a la altura de su memoria e invocando la victoria como un vínculo casi místico que mantiene unida a la nación”, de acuerdo a la lectura de un analista británico en The Times. Una lectura que podría haberse aplicado a cualquier discurso de su momento lanzados por Kruschev, Brezhnev o Yeltsin.

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