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Jipiar a los cuatro vientos

Ana es una joven de 25 años que lamentablemente yace en su cama muy enferma, con único deseo de volver a disfrutar del aire libre y hacerlo con su amado Manuel de la mano. El médico no le ha dado esperanzas, su rara enfermedad no tenía cura hasta el momento, por lo menos en la Argentina de 1920.

Argentina de 1920… ¿y si fuera posible viajar en el tiempo? Que tontería… ¿o no?… Ana recordó una historia que solía contarle su madre, se trataba de una especie de monolito que podía hacer viajar al futuro a las personas.

La “estatua” de unos tres metros de altura se encontraba en un pequeño pueblo del interior de la provincia donde había nacido su madre y donde había encontrado también su muerte tras un viaje que realizó a escondidas de su hija. Pero Ana no recordaba mucho más, no sabía ni como llegar al lugar ni como un monolito podría hacerla viajar en el tiempo. Así que sacó esa loca idea de su cabeza.

Luego de unas semanas la joven se sentía un poco mejor y con algo de fuerzas, se levantó de la cama para buscar su costurero y hacer lo que más le gustaba, diseñar ropa y confeccionarla, mas no lo halló por ningún lado.

Algo cansada y desanimada se dirigió al antiguo cuarto de su madre, allí encontró el baúl que le había pertenecido, aquel que no quiso abrir cuando ella se fue… sintió que era el momento de hacerlo, se acercó, sopló un poco el polvo que había y lo hizo…

Con lágrimas en los ojos comenzó a ver cartas viejas y los recuerdos de su mamá y entre todos ellos había una pequeña caja cerrada por un candado. Ana se tomó el collar que llevaba en su cuello desde pequeña que tenía un dije en forma de llave, instintivamente lo usó y abrió la cajita…

Dentro estaba la imagen de un monolito, detrás lo que parecía ser una especie de instrucciones que comenzaban con la palabra JIPIAR, sonrió al leerla, era una de las palabras que su madre le había prohibido decir en voz alta…

Ana continuó leyendo y no salía de su asombro, ese monolito era EL MONOLITO, del que le había hablado su madre… ¿podría hacer su deseo realidad? ¿podría viajar al futuro? ¿podría curarse?

No estaba del todo claro, pero al menos tenía la dirección del lugar y tenía que arriesgarse, tenía que ir hasta allí. Se comunicó con la única persona que podía ayudarla, Manuel. Él le dijo que era una locura, pero que la acompañaría al fin del mundo de ser necesario. Y así partieron, con mucho recaudo de no ser vistos juntos y, principalmente, cuidando de la precaria salud de Ana.

Ellos se amaban mucho, pero Manuel no podría darle un buen pasar económico y su madre nunca consintió su unión en matrimonio. Ahora se iban juntos al pueblo desconocido de ella y donde fue vista por última vez antes de desaparecer y ser dada por muerta. Llegaron de noche, se hospedaron en una pequeña y acogedora habitación, tuvieron que mentir diciendo que eran marido y mujer.

Ana fue directamente a la cama, estaba muy cansada por el viaje. Manuel después de acomodar las cosas se acostó junto a ella, tratando de no despertarla, pero al verla y sentirla tan cerca no pudo evitar acariciar su rostro, su cuello, su brazo, hasta tomar su mano y entrelazar sus dedos, le iba a dar un suave beso en la mejilla antes de dormir, pero Ana giró dormida y sin querer rozaron sus labios por primera vez… fue un beso inocente y tan tierno… un beso que comenzó a tomar temperatura y dejó de ser inocente, no sólo sus labios se tocaban, y sus manos iban y venían por sus cuerpos, sin poder dejar de sentirse.

Ana se sentía increíblemente muy bien y llena de deseo por ese hombre que tanto amaba, un hombre que también la deseaba y no pudieron contenerse, la atmósfera del lugar, del pueblo o vaya a uno saber qué los hicieron perder el control y se amaron sin remordimientos. Disfrutaron de sus cuerpos, se desnudaron uno al otro, se miraron a los ojos casi todo el tiempo, sobre todo en el momento más importante, donde fueron uno, donde se unieron para siempre. Ana sumergida en la pasión y vorágine del momento jipió tan fuerte que el mismísimo monolito que se encontraba en la plaza frente a la habitación donde estaban brilló extraordinariamente iluminando todo el pueblo, justo en media noche.

Ellos estaban tan llenos de sí que no notaron lo que había pasado, pero el resto de los habitantes del lugar sí que lo hicieron y salieron a la calle para ver que sucedía, entre ellos murmuraban, sabían lo que estaba por pasar…

Al otro día Ana no se sintió muy bien, Manuel salió para averiguar algo más sobre el monolito, pero nadie quería darle información al respecto. La joven trató de seguir descifrando lo que decía la imagen, hablaba de un verdadero de amor y de JIPIAR A LOS CUATRO VIENTOS. Manuel había visto una brújula en el piso junto al monolito, pensó que tal vez algo tenía que ver, lo verían al día siguiente, ya era de noche y no podrían hacer mucho.

Sin embargo, Ana le pidió que fueran a la plaza en ese momento, ya no quería esperar más por una respuesta, por saber si podría ser realidad o no un viaje al futuro y se sentía mejor, muy bien… el aire de ese pueblo de noche le sentaba de maravillas a su salud.

Iban tomados de la mano, llegaron al centro de la plaza, junto al monolito y la brújula en el piso, era casi medianoche, Ana se sentía feliz al encontrarse allí, besó a Manuel en los labios y el deseo volvió a apoderarse de ellos, no se pudieron controlar y se amaron allí mismo, sobre la brújula… donde la joven jipió a los cuatro vientos…

El monolito brilló tanto que los envolvió en su luz, una luz tan intensa y energética que llenó cada casa del pueblo con su fuerza haciendo que los habitantes hicieran un pequeño gemido de alivio y felicidad… un nuevo viaje en el tiempo estaba en curso…

Al bajar la intensidad de la luz Ana y Manuel ya no estaban allí, sólo había quedado el collar dela joven en el suelo con un dije en forma de llave… una mujer lo tomó y al llegar a su casa se lo colocó en el cuello a su pequeña hija Ana mientras dormía…

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