Quiero Decir

Mi diario digital…

Y se volvieron a reunir, a terminar el juego de dominar

Desde su último reencuentro él se quedó esperando el mensaje de su amada, una amada que tenía otra vida, pero él sabía que tarde temprano esa otra historia terminaría, igual que ella, sólo necesita un tiempo para escribir el mensaje que tanto quería, el tiempo pasó y ella tomó la decisión correcta, la que le dictó su corazón.

Por eso cuando llegó el mensaje tan esperado, los dos sabían lo que ocurriría, eso que tanto habían esperado y deseado… fue la velada perfecta, el encuentro ideal y todo continúo en el departamento de ella…

Le sacó la cartera, lo agarró de la cintura, y el colocó una mano en su nuca y la otra en la espalda de ella  y se empezaron a besar; movía la cabeza de ella para donde él quería. Camino a la habitación, subió su mano desde el muslo hasta la cola, levantándole el vestido. Puso su espalda contra el marco de la puerta, abriendo sus piernas y colocando una que rodeaba su cadera, se apoyó sobre la de ella; dejando sentir lo que había traído… Ella se dejó fluir… estaba entregadísima.

Ella empezó a buscar la cintura de su pantalón para sacar el cinto y le dijo: – Vos no. Déjame a mí…

Se sacó la remera, el cinturón y desprendió el botón del jeans. Ella lo miraba atenta, era hermoso… perfecto… lo quería todo encima ella.

Se comieron a besos de esos que derriten la ropa, perdieron la noción de los segundos en un instante de caricias. Él le había sacado el vestido, quedando en corpiño, hilo de bombacha y las botas puestas. La levantó y lo rodeó con sus piernas la cintura, mientras el desprendía sy corpiño. Lo sacó…La admiró y le dijo: – Sos hermosa…

Hizo de sus tetas lo que quiso, desde besarlas hasta morderlas y dejarle su sabor… cuanto fuego tenía esa lengua.

La tiró sobre la cama, y tomó sus botas para sacarlas, la levantó del brazo para ponerla de pie, y volvió a decirlo: – Sos hermosa…

La giró e hizo que apoyara sus palmas sobre la cama, se agachó junto a ella, besaba sus curvas, apretaba sus pechos y se detuvo cuando llegó a la bombacha. Separó sus piernas y corrió con un dedo el mojado cuarto de tela, dedo que sólo, se hundía en ese abismo de deseos. Los dos ardían de placer.

Él se bajó todo junto, le bajó la bombacha para poder tenerla como quería y que nada me molestara. Y sin dejar que ella lo probara, y sin tanta previa pero con una calentura que empañaba el vidrio de la ventana que tenían cerca, la metió… la sacó, corrió su polera hacia atrás y la volvió a meter esta vez deseando llegar más allá de lo que mi cuerpo le permitiera.

Con su miembro adentro y jugando a no sacarla, levantó la pierna derecha de ella y puso su rodilla sobre la cama, y así y con mejor visión le siguió entrando. Que placer estar así juntos, tanto qué lo habían esperado…

En un momento comenzaron  a coger cucharita, así,  bien apretadito. Lo disfrutaron como nunca, ella  pudo evitar tocarse mientras disfrutaba, y no lo hacía porque le faltara algo, sino por el solo morbo de que él la viera. Ella empezó con los espasmos y el calor que anuncian la llegada del orgasmo, que hacen que apriete con sus paredes ese trozo de carne que se abría paso dentro mío. Él lo notó y no pudo evitar excitarse aún más, y en un apretón de tetas, un gemido y una sacudida involuntaria de su cuerpo, acabó en su mano junto a él.

Después de unos segundos armaron la cama que tendría a dos personas que soñaban despierta una escena que volvería a ocurrir, porque ya no haría falta esperar ningún mensaje, ahora estaban juntos, eran dos y el juego de dominar sólo quedaba para la cama.

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