Quiero Decir

Mi diario digital…

Relato sólo para vos, para nuestro próximo reencuentro

Se hacía de noche y las luces del atardecer comenzaban a flaquear, la ruta parecía adormecida en el calor del verano… Mi viaje me había llevado por lugares o más bien situaciones extenuantes, no podía pensar en otra cosa más que en lo que sabía me esperaba, nos habíamos conocido en una noche boliche, la pasamos tan bien juntos que esperaba este reencuentro con ansias. Trataba de imaginarlo a él pensando en mi llegada, quizás había tomado una ducha rápida, y había preparado su departamento, su lugar para pasar dos días juntos, solo nosotros. Nadie que pudiera distraernos de lo que más anhelábamos, compartir ese tiempo que merecíamos, alejados del mundo, solo nosotros compenetrados en nuestro deseo del uno hacia el otro.

Nuestro romance, como todo romance pasajero fue muy intenso, la escalada de emociones sucedió en tan poco tiempo que no era posible comprenderlo, a la vez que teníamos la sensación de haber estado juntos por años… tal fue la intensidad con la que vivimos aquéllos días post boliche.

Llegué de noche a su departamento, él me esperó para cenar juntos, yo aún traía la excitación del viaje, pero a la vez mi cuerpo estaba cansado de tantas horas frente al volante. Verlo recibirme en la puerta de su lugar renovó mis energías, en definitiva deseaba ese momento desde hacía días. Con solo saber que íbamos a compartir casi dos días enteros, mis energías se vieron renovadas por la alegría y la emoción de la aventura, era un fin de semana sin planes, la única importante éramos nosotros.

Cenamos tranquilos contándonos cosas de la semana. La cena transcurrió tranquila, y la verdad es que yo no podía dejar de mirar su boca, mientras me hablaba y sonreía, su risa particular me causaba mucha alegría. Su boca era sensual, sus labios se sentían muy ricos en mi boca, y al observarlo mientras me hablaba no podía evitar una cierta excitación que por momentos me inundaba haciéndome perder el hilo de la conversación. Simplemente imaginaba esos labios sobre mí, su suave contacto con los míos, de repente tenía flashes de memoria de momento vividos días atrás, sus labios en mi pecho, mordisqueándome suavemente gimiendo de placer, en un momento no pude evitar callarlo con un beso apasionado. Un beso que él me devolvió con una dulzura y sensualidad que despertó cada célula de mi cuerpo.

Aún no habíamos acabado la cena por lo que con mucho esfuerzo dejamos pasar ese momento para volver a lo que estábamos haciendo y continuamos con una velada que prometía mucho. Como ya era tarde y ambos estábamos cansados, limpiamos los restos de la cena y nos preparamos para ir a dormir.

Al salir de la ducha él me esperaba en su cama, era una sensación totalmente nueva y divertida, compartía su cama, su lugar conmigo y yo compartiría mi sueño con él, objeto de mi deseo desde el momento en que lo conocí. Ambos estábamos un poco ansiosos por la situación pero muy felices de poder compartir esas sensaciones.

Me acosté sobre mi pecho y en ese gesto de dulzura y sensualidad su cuerpo reaccionó como si sintiera el amor por primera vez, una mezcla de sensaciones muy dispares pero todas positivas. Realmente disfrutaba sentir su pecho y que acariciara mi cabello sintiendo mi perfume.

Le di un beso de buenas noches, fue un beso cómplice, un beso apasionado que prometía más que una despedida, no pudo ocultar un ligero gemido de placer al sentir la profundidad de mi beso y la excitación contenida hasta ese momento no tuvo más remedio que manifestarse. Sus manos que me rodeaban se deslizaron por mi espalda, desde mi cuello hasta la parte baja de mi espalda, rozando mi ropa interior. A medida que nuestras caricias y  besos se intensificaban los gemidos crecían en intensidad y nos invitaban a continuar con las caricias. Nuestros labios no podían despegarse de la boca del otro, ¡y en ese momento todo era una fiesta para mis sentidos!

Una de sus manos bajó por mi ropa interior deslizándose entre mis curvas, me arqueé haciendo que mis glúteos se elevaran, invitándolo a sentirme, bien firmes. Sus manos, al acariciar buscaban un punto de mayor placer y con suaves movimientos cada vez más rítmicos, lo ayudaba a llegar a ese punto que tanto anhelaba, sus dedos rápidamente se mojaron con mi humedad y su excitación casi tenía limites, mordía mis labios y gemía mojándome cada vez más, era una invitación abierta a liberar toda la lujuria contenida desde hacía días.

Comencé a besarle el cuello, el contacto de sus labios en su cuello, y mi lengua en su piel despertaron en él una sensación de seguridad y virilidad que nunca antes había experimentado, mis rulos oscuros dibujaban en su pecho una danza amorosa que enceguecía sus sentidos y los míos, fui bajando por su pecho, cuando llegué a su abdomen siguiendo un camino certero hacia su perdición, levanté la mirada. Una mirada poseída por la excitación y toda la sensualidad de la que era capaz y entre un gemido y le pregunté: ¿Puedo?

Adivinó mis intenciones y más que una respuesta emitió un gruñido de placer indicando que podía continuar, es más casi exigía que siguiera. Bajando su bóxer, primero acaricié su miembro para terminar de despertar toda su virilidad y luego lo llevé a mi boca, y no pudo evitar lanzar un gruñido de placer.

Esto continuó por uno o dos minutos hasta que no pudo contener sus ganas de penetrarme,  por lo que me tomó delicadamente por mis brazos pero con firmeza y me atrajo hacia él, besándonos nuevamente con toda la pasión que podía expresar en ese momento, bajó su boca por mi cuello, hasta encontrar una pequeña porción de mi piel que lo hizo enloquecer, su nuestro perfume invadía los sentidos, fue bajando hasta sentir con su lengua la dureza de mis pezones que anhelaban tanto como yo ese contacto, nuestras mentes vibraban en una misma frecuencia.

Cambió de posición siguiendo nuestros impulsos, poseído poniéndome boca abajo en la cama me besó el cuello desde atrás, sintiendo el perfume de mi cabello y fui bajando hasta llegar a mi ropa interior. Sin quitármela aún, la corrió hacia un costado para dejar paso a su boca que deseaba de una manera desenfrenada sentir mi sexo. Su labios y lengua bajaron por mis glúteos hasta llegar a la dulce humedad que lo enloquecía, yo arqueaba mi espalda para ayudarlo a llegar a una mayor profundidad con sus besos y su lengua; primero suave y luego con mayor desenfreno fue saciando sus ganas de devorarme por completo…. En el momento de mayor excitación cuándo ya no podíamos de tanto placer se tiró sobre  la cama y me acomodé para que pudiera penetrarme. Ya no podíamos evitar el desenfreno por lo que me penetré con fuerza y no pude evitar soltar un gemido de placer, con cada embestida intentaba acallar mis gemidos mordiéndome los labios y poniendo una mano sobre mi boca, aunque casi era en vano dado que el gemido contenido se hacía escuchar.

Estuvimos varios minutos disfrutando de esa unión por momentos salvaje pero con una armonía total entre nuestros cuerpos, nuestros gemidos iban en aumento y no podía evitar sentir como me mojaba cada vez más dejando su miembro totalmente lubricado, logrando en cada embestida que la sensación de placer al penetrarme fuera única.

En la cúspide….en el climax, mi cuerpo comenzó a vibrar, pude sentir el frenesí próximo al orgasmo, mi cuerpo comenzó a temblar preso de un orgasmo poderoso y largo.

Yo continuó, aprovechando ese impulso sobrecogedor de sentirme llegar al orgasmo, comenzó a acelerar el ritmo, la sensación de sentirse dentro mío lo abrumó por completo y lo llevó al orgasmo, un orgasmo liberador con un gemido continuado, con la respiración entrecortada, con un gruñido de placer que nacía desde su garganta. Nuestros cuerpos vibraban al unísono, nuestra respiración entrecortada fue calmándose, yo sobre su pecho, sus manos en mi espalda en un abrazo compañero, tranquilizador, fuimos volviendo a la calma, aunque nuestras mentes, luego de tal torbellino difícilmente pueda volver a la calma.

Han pasado varios meses desde ese momento, en principio escribí este relato para inmortalizar uno de los recuerdos más importantes de mi vida. Lo escribí  pensando en vos, sólo para tus ojos, donde sea que estés.

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