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Después de 5 días de viaje y casi una vida en el zoológico, Pocha y Guillermina ya se encuentran en el santuario de Brasil

Casi cuatro días y medio es lo que le tomó al camión que trasladaba a las elefantas asiáticas Pocha (65) y Guillermina (23), así como a todo el equipo humano que escoltaba a las elefantas, el recorrer los casi 3.600 kilómetros que separan a Mendoza (Argentina) del Santuario de Elefantes de Brasil (Mato Grosso).

Sin embargo, si se tiene en cuenta que Pocha llevaba 62 años viviendo en cautiverio (llegó con solo 3 años al ex zoológico de Mendoza) y que Guille directamente nació en el recinto del lugar y no conocía lo que era la libertad, es prácticamente un abrir y cerrar de ojos lo que duró este último viaje. Como sea, las dos elefantas que conmovieron a toda la provincia, al país y también al mundo ya están en el santuario brasileño, en un entorno de 1.500 hectáreas de selva, naturaleza, arena y mucha más cercanía a su hábitat natural. Lejos quedaron ya los años en la estresante fosa en el Ecoparque mendocino, rodeadas de cemento y piedras, y en la que lo único que podían ver al mirar hacia adelante eran paredes rocosas y encierro.

Este jueves por la mañana, el camión que trasladaba las dos contenedores especiales en que viajaron Pocha y Guillermina llegó al esperado fin de su itinerario: el santuario ubicado en este estado del centro-oeste de Brasil. Tras recorrer el país de oeste a este y salir de Argentina por Puerto Iguazú, ingresaron a Brasil por Foz de Iguazú el martes por la mañana. Cerca de las 9:30, el equipo humano que acompañó al operativo (y que incluye a personal y entrenadores del santuario, a los cuidadores que acompañaron a las elefantas en Mendoza y a voluntarios de la Fundación Franz Weber) presentó toda la documentación en la sede de Migraciones de ambos países y continuaron con la misión por rutas brasileñas.

Allí la caravana completó dos días más de viaje hasta llegar en horas de la mañana de hoy al Santuario. Por su parte, el secretario de Ambiente y Ordenamiento Territorial, Humberto Mingorance, viajó anoche a última hora a Brasil vía aérea para estar presente en uno de los momentos más esperados por Pocha, Guillermina y las autoridades del Ecoparque y de la Secretaría de Ambiente.

CRÓNICA DE UN VIAJE TRANQUILO Y CON PARADAS TÉCNICAS

El camión en que fueron trasladadas Pocha y Guillermina llegó especialmente a Mendoza desde Buenos Aires a fines de la semana pasada. Es el mismo tipo de vehículo en que hace ya un tiempo fue trasladada Mara, la elefanta que dejó el Ecoparque de Buenos Aires y también viajó al santuario de Mato Grosso. Los contenedores en que fueron trasladadas las elefantas, en tanto, llevaban más de un año en Mendoza y allí se fue entrenando y adaptando a Pocha y Guille -madre e hija- para que se acostumbren a ingresar al cada uno de los habitáculos, que pesan alrededor de 5 toneladas y miden 5 metros de largo, 2 metros de ancho y 3,20 metros de altura. Se trata de contenedores avalados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), y que les garantizó un traslado cómodo y seguro. Además, ambas cajas contaron con una cámara para monitorear a cada elefanta y evaluar su estado permanentemente.

Pasadas las 18 del sábado pasado, partió el camión de la puerta del Ecoparque de Mendoza. Al imponente vehículo lo escoltaron motos de la Policía de Mendoza, además de las camionetas que trasladan al equipo humano que ha asistido a las paquidermas desde entonces. Luego de bajar por calle San Francisco de Asís hacia el este, la caravana giró por el Corredor del Oeste hacia el sur y por allí continuó hasta llegar a Paso. En esa artera, doblaron hacia el este hasta el Acceso Sur, vía que tomaron hasta empalmar con el Acceso Este y allí seguir hasta que salieron de Mendoza.

Tanto antes de salir de Mendoza como en las distintas ciudades argentinas por las que pasó el camión, hubo gente que se acercó a saludar al camión mientras transitaba o a fotografiarlo con sus teléfonos celulares cuando hacían alguna de las paradas técnicas. Y es que, religiosamente, cada dos horas y media -o tres horas, a lo sumo- se detenían los vehículos para que las elefantas comieran y se hidrataran. La dieta de madre e hija durante la travesía incluyó alfalfa seca, variedad de frutas (como manzanas, melón) y verduras (zanahoria, entre otras) y alimento balanceado.

Más allá de las paradas técnicas en la que los cuidadores les acercaban a las elefantas todo lo que pudieran llegar a necesitar -y en las que ellas aprovechaban hasta para darse cariño y sentirse más juntas entrelazando sus trompas, por ejemplo-, mientras los vehículos iban en marcha, las personas a cargo del operativo del traslado monitoreaban permanentemente a los animales con tablets y las cámaras. “Todo el equipo se siente muy bien al ver que (NdA: Pocha y Guillermina) vienen disfrutando su viaje. La atmósfera que rodea a Pocha y Guille es de mucho amor, respeto y atención, para que no les falte nada de lo que necesitan para que disfruten su viaje al máximo. Gracias por el apoyo y por hacer esto posible”, publicaron el miércoles y como parte del “diario de viaje” en la página de Facebook Proyecto ELE, que compartió las principales novedades a lo largo del viaje.

Las dos elefantas viajaron todo el tiempo en un mismo camión, en dos contenedores distintos y que estuvieron enfrentados entre sí. Esto les permitió irse mirando la una a la otra en todo momento y reducir situaciones de estrés, puesto que así habían estado durante los últimos 23 años (desde que Guille nació en el ex zoológico de Mendoza). “Las elefantas son matriarcales y mantienen la relación de madre e hija para toda la vida. Al igual que los humanos, reconocen el vínculo con hermanas, tías, abuelas o madres para siempre”, explicaron al respecto desde el Senasa.

Para poder cruzar a Brasil y llegar al santuario, precisamente el Senasa debió emitir el Certificado Veterinario Internacional (CVI), una documentación oficial necesaria para el traslado de animales fuera del país que avala las tareas sanitarias, pruebas diagnósticasdesparasitaciones y otras exigidas por el servicio veterinario de Brasil. En la cuarentena previa a la exportación, a requerimiento de las autoridades de Brasil, a Pocha y Guillermina se le realizaron pruebas diagnósticas convenidas y certificadas por el Senasa, entre ellas, constatar que estén libres de tuberculosis, fiebre aftosa y leptospirosis.

CÓMO SIGUEN CON LOS DOS ELEFANTES QUE QUEDAN EN MENDOZA

Hace 4 años que en el Ecoparque mendocino comenzaron a preparar a las dos elefantas asiáticas para el traslado, que comenzó operativamente el pasado sábado y llegó a su fin hace minutos. Desde entonces, además de Pocha y Guillermina, se empezó a trabajar -en menor medida- con la preparación de Tamy (otro elefante asiático, macho, y que es padre de Guillermina) y con la preparación de Kenya también (elefanta africana).

Sin embargo, por una cuestión de extensión de la playa del recinto del Ecoparque, las tareas se enfocaron desde el comienzo en las dos elefantas que llegaron recientemente a Brasil. Una vez que los cuidadores mendocinos regresen a Mendoza -viajaron a Brasil para acompañar a madre e hija- retomarán los trabajos de entrenamiento y adaptación con los ejemplares que quedaron.

En ese sentido, la preparación de Kenya está un poco más avanzada, mientras que con Tamy está más demorado el tema, ya que es más reacio y “rebelde”. De no mediar inconvenientes, Kenya y Tamy -en ese orden- serán enviados al Santuario de Elefantes de Brasil fines de 2022 o ya directamente en 2023. Pero antes se procederá a trasladar a las dos elefantas que todavía quedan en el Ecoparque de Buenos Aires.

Fuente Diario Los Andes

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