Quiero Decir

Mi diario digital…

Aquí lo que te gusta, un relato sólo para vos

No estar cerca hasta nos lastima, no poder sentirte cerca me comienza a doler, y a vos también… pero me pedís una historia, un relato para no extrañarnos tanto, para excitarnos juntos aunque sea a la distancia.

Juguemos a que vos te estás bañando, yo voy a verte, tengo llave así que entro… Yo me pongo como a imaginar que vos te estás tardando porque te estás tocando en la ducha. Inevitablemente me caliento, y me empiezo a tocar en el sillón.

El está baño en tu habitación, así que me voy a ella. Me acuesto en tu cama, tengo una falda, acaricio mis piernas hasta subirla. Comienzo a tocarme por encima de mi ropa interior.

Salís de la ducha, porque escuchas que hay gente en tu habitación. Dejas el agua correr y te asomas por una pequeña abertura de la puerta. Me observas un instante y algo en tu entrepierna comienza a crecer. Volvés a meterte al baño, y no sabés si terminar de bañarte, o ir al cuarto y poseerme sin paz. Y te quedas atrás de la puerta, y, efectivamente, no volvés al agua.

Mi nivel de excitación aumenta, mis caricias ya superaron la barrera de la ropa interior, y mis manos comenzaron a hacer contacto con mi piel,  los jadeos se hacen inevitables. Me escuchás, y empezás a tocarte también, y pensás todo el tiempo en salir de ahí… pero no lo haces.

Algunos gemidos se mezclan con mis jadeos, y tu nivel de calentura sigue en alza, se apodera de vos… y salís. Y yo te veo, y con un gesto de picardía te invito a unirte a la situación. No tardas en reaccionar y, una vez en tu cama, te acostas boca abajo, encima de mí, pero sin tocarme. Y tus labios, tu boca, y tu saliva se mezclan con mis labios, con mi boca y con mi saliva. Y yo me sigo tocando. Vos me recorres con besos. Tu mano se pierde por mi costado derecho para encontrarse con mi pierna y mi falda, que la llevas al norte. Luego volvés a mi piel, juntás tu mano a la mía, y al unísono me colman de placer.

Me mirás. Yo cierro mis ojos y gimo despacio. Suspendes mi mano del juego, pero sigue la tuya. Dos de tus dedos inspeccionan mi interior, muy rápido y muy fuerte, hasta que de un momento a otro, paran. Te ubicas sobre tus rodillas delante de mí, tomas mi bombacha por los laterales y la bajas de golpe. Volvés a encimarte sobre mí, todo tu cuerpo, incluyendo tu falo, que también descansa rígido sobre mi cuerpo. Comenzás a moverte.

Tus manos inspeccionan mi busto, humedeciendo mi pecho con tu lengua, recorriendo mis pequeños pezones. Por momentos tus dientes se hacen partícipes también, y los aprietan despacio. Una corriente me recorre hasta llegar a mi sexo. Te seguís moviendo, me sigo excitando, la humedad es inevitable. Y te das cuenta de esto. Y lo sentís. Y te mojo en parte. Y te excitas más. Y no aguantas. Y no aguanto. Y con tus movimientos continuos, te vas corriendo de a poco, hasta quedar nuestras intimidades cara a cara. Te metes un poco en mí… pero volvés a salir. Mi cara de asesina es inminente, y la entendiste a la perfección, por lo que volviste a entrar, pero nuevamente a salir. Jugaste con eso unas 4 veces. Te reías de mis súplicas. Tu juego no me causaba gracia, por el contrario, aumentaba mi temperatura y mi ansiedad. Tome tu miembro con una mano e intento hacer yo el trabajo. Te alejas, volviendo a ponerte de rodillas, me tomas por la cintura y me llevas hacia vos.  Y me das vuelta, y me pongo sobre mis rodillas, y apoyo mi cabeza sobre la almohada, quedando en un ángulo de 45º.

Te acercas a mí, y volves a repetir tu juego de hacerme desear, sólo asomándote. Tu dedo pulgar se une al juego, y va por detrás para ejercer una leve presión, sin entrar. Yo me limito a jugar con mis pechos, que morían por ser manoseados, apretados, saboreados, y sabía que no se conformarían con mis manos, pero tampoco sin ellas.

Te ruego que me la metas, y mientras más te pido, menos lo haces. Sin embargo, tu juego varía. Ahora esparcís mi humedad desde mi clítoris hasta donde espera tu dedo pulgar, que agradece la ayuda.

Ahora te sentás en la cama, con la espalda apoyada en el respaldar inmenso, y me decís que si “lo quiero, voy a tener que montarte”. Sin más que hablar, te obedezco. Siento nuevamente ese inicio en mi inicio, pero no iba a volver a jugar tu juego. No más espera. Pensé en adelantarme, pero al parecer tampoco querías jugar más. Me tomas por la cadera, y me sentás de un envión. Un alarido fluyó desde lo más interno de mí, un quejido esperado, ansiado, una representación de la energía que acumulaba hacía un rato.

Tus manos marcan los movimientos. Mis manos, por su lado, te regalan mis pechos para que, al fin, puedan ser nuevamente saboreados. Los aprieto entre sí, te los ofrezco de a uno, alternándolos, y a veces ambos, simultáneamente. Adoro tus dientes. Tu saliva las deja totalmente laqueadas.

Lo que más me gusta de esta posición es la cercanía a todas las partes íntimas y erógenas. Tus manos, ahora, van por detrás mío para marcar los movimientos desde ahí, y en cada movimiento separas cada glúteo al máximo, y algo sucede, pero es inexplicable.

Realmente deseo seguir, pero mi sexo quiere explotar. Te pido que te recuestes completamente, y me posiciono sobre tu cara, acorralándote con mis piernas. Rozo mi clítoris, que latía fuertemente. Tu lengua me besa. Los músculos de mi vagina se contraen y se relajan, y ese delicioso y cálido néctar recorre ahora tus labios y mejillas. ¡Qué placer terminar juntos a la par!

Espero haber podido acortar un poco la distancia con este relato, con esta historia, ojalá pronto podamos hacerla realidad, y estar juntos a la par…

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